miércoles, 3 de abril de 2019

Crítica del documental 'McQueen': el retrato íntimo, emocionante y magnífico de un genio de la moda



Es un film para los soñadores, para los espectadores que quieran vibrar con un film humano, sincero e inspirador. Y es para quienes quieran descubrir el extraordinario universo de un creador transgresor y un gran maestro de la aguja como fue Alexander McQueen, cuya obra traspasó la superficialidad del mundo de la moda.



El viernes pasado tuve la oportunidad de ver el documental "McQueen" –que desde que se estrenó en 2018 que estaba entre mis must-watch– en el festival de documentales de moda barcelonés Moritz Feed Dog

Dirigido por Ian Bonhôte y Peter Ettedgui, el documental está dividido en cinco capítulos, que representan momentos importantes que marcaron la vida del británico Lee Alexander McQueen. A lo largo del film se van sucediendo comentarios de los familiares, amigos, compañeros de trabajo y personas cercanas a su entorno que hablan sobre el creador y el impacto que produjo en sus vidas.

Alexander McQueen amplió los horizontes de la moda, la acercó al arte. 

El film empieza dándote a conocer al legendario diseñador de forma íntima y personal con algunas imágenes de vídeo caseras. Recorre su vida partiendo de sus orígenes –perteneciente a una clase trabajadora del East End de Londres–, pero siempre con el foco puesto en su obra. El documental muestra su camino desde conseguir aprender sastrería en Saville Row, lograr formarse en Saint Martins o alcanzar que alguien como Isabella Blow, editora de moda de la British Vogue, comprara toda su colección de graduación. De ahí, el film retrata la impresionante trayectoria de McQueen hasta ocupar el cargo de director de diseño de la casa Givenchy, crear su propia marca, y hacer el salto hasta convertirse en una estrella en el mundo de la moda.

¿Cómo llega un chico común a convertirse en alguien a quién la gente quería literalmente "pagar para trabajar con él"? En el documental te das cuenta cómo le admiraba y valoraba la gente que trabajaba con él. Todo el mundo quería ver lo que hacía y asistir a sus desfiles, pues siempre sorprendía. Sus shows eran puro espectáculo, originales, frescos y se elevaban a la obra de arte.

La luz y la oscuridad se mezclan en el documental, como pasaba en la vida del diseñador.

"Estaba convencido de que el mundo estaba en su contra, de que París estaba esperando verle fracasar". 

Víctima del alcohol y la cocaína, los cambios de humor se apoderaron de él. Además de la intensidad de su trabajo y la presión como diseñador de presentar la feroz cifra de 14 colecciones de moda al año, arrastraba sus demonios internos y recuerdos de abusos de la infancia, junto con el diagnóstico de VIH positivo. Por si fuera poco, su mentora, Isabella Blow se quitó la vida, dejándolo profundamente afectado. Poco después, la muerte de su madre terminó de derrumbarle. En la víspera del funeral de su progenitora decidió acabar con su vida. Pasó en 2010. Tenía 40 años.

El shock para el mundo de la moda fue brutal. Resultó una increíble pérdida dada su visión y desbordante talento. Estaba en la cúspide. Había puesto temas nunca vistos sobre la pasarela. McQueen experimentaba sin miedo. Era polémico y un avanzado a su tiempo.

"No quiero que salgas [del desfile] como si acabaras de comer en domingo. Quiero que salgas sintiendo rechazo o euforia. Siempre y cuando sea una emoción." –Alexander McQueen 

El impacto emocional del documental es fuerte. El trabajo de Alexander McQueen era sublime. El diseñador sacaba todo lo que tenía dentro de su alma y lo traducía en forma de desfile a través de la ropa, la música, la iluminación, el atrezzo... de un todo coherente y planificado. No se trataba solamente de la ropa.

Al terminar el film, todo el cine estaba pegado a su butaca. Personalmente, hacía tiempo que no me emocionaba tanto un documental. Es toda una experiencia y una montaña rusa de emociones.

El documental es un recuerdo genial de la obra de Lee Alexander McQueen. No era sólo un diseñador de moda, sino que era mucho más: un artista, un poeta, un romántico, el diseñador más visionario de todos. Este excelente film es una celebración del legado espectacular que nos dejó. Y es una demostración de que el trabajo de McQueen sigue siendo singular, revolucionario e inspirador en pleno siglo XXI.

Si tienes la ocasión de verlo, no te lo pierdas. ¡Muy recomendable!   


Lo mejor del documental
  • Está realizado con mucho respeto. Se muestra la luz y la oscuridad de McQueen, pero sin recrearse en su dura historia y trágico final.
  • Revivir su brillante último desfile "Plato's Atlantis" –La Atlántida de Platón- (P/V 2010), el impactante final de su fashion show "Voss" (P/V 2001) o el momento en que convirtió a Kate Moss en un holograma (otoño 2016).
  • Me encantó ver a un Alexander McQueen por primera vez con lágrimas en los ojos tras un desfile suyo. Fue por el momento mágico y poético que se vivió cuando se situaron dos robots sobre la pasarela. En medio de ambos, la modelo Shalom Harlow movía sus brazos alrededor de su cuerpo girando sobre una pequeña plataforma. Los robots, orquestados a la perfección, disparaban con spray de color el vestido blanco inmaculado que llevaba Harlow. Los tres se movían al compás de la música. Se estaba creando una obra (de arte) en directo ante un público asistente totalmente cautivado. Era la mujer contra la máquina –tecnología versus naturaleza, un tema recurrente en sus últimos desfiles-. Esta performance es imposible olvidarla. Era su desfile para primavera 1999. 
  • Ver a una jovencísima Sarah Burton trabajando como becaria para McQueen. Es curioso que en el documental no mencionan que ahora es ella quién está al frente de la firma. 
  • Descubrir los entresijos e inspiraciones de sus desfiles más icónicos.


Y tú, ¿has visto el film? ¿Pudiste contener las lágrimas al final?

Foto: 'McQueen' film

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